Quisiera hablar para expresarme, pero no fluyen las palabras.

Quisiera escribir para dejar constancia de lo que siento y pienso, pero mis manos se niegan.

Quisiera rodearme de aquellas personas que me conocen o me sienten para departir con ellas y sentirme partícipe de este mundo, pero mi ánimo no me deja.

Me pregunto si el dolor de mis huesos es físico o es una punzada abstracta en mi cerebro, ya que no consigo, en estos momentos, deshacer esa simbiosis entre carne y espíritu. Siento el dolor en mi cuerpo y en mi mente, y no me deja pensar, y se convierte en obsesión, una obsesión que distorsiona y nubla los pensamientos, y anula a la persona.

Quizás sea por querer asomar la cabeza al mundo que me rodea y, hacer notar que estoy aquí (tal vez para que no se me olvide), por lo que tan groseramente aireo estos trapos sucios de mis miserias personales. Quizás busco alivio compartiendo algo… que no se comparte.

A lo mejor mañana me arrepiento, pero hoy pulso la tecla “publicar”.